nadie me recordará cuando haya muerto

nadie recordará,
para nadie, un silencio,
el frío cemento,
sin libro de familia,
sin caricias, sin besos,
sin disponer de nada,
cubriendo mi pasado de mis recuerdos,
y la Soledad acariciando mis mejillas.

El gato negro, atusa su pelaje,
como sin importarle nada todo,
se cambia de ropa, la lava,
con su parsimonia eterna,
sus ojos de sonrisa maldita
guardan más que misterio.

En el olvido
un cartón de vino sucio,
una letra sin escribir,
unos labios rotos del frío
y ahora ya un desconocido
dando su último suspiro






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