descarnando recuerdos venenosos

Cae la nieve tras el cristal,
con los movimientos oscilantes,
en las hojas de cuchillas de afeitar,
que perdieron su fortaleza;
los papeles del banco se oxidaron,
ya no contaron la realidad,
solo roban sentimientos;
aún suena una campana rota,
dejó de expulsar su lamento,
no hay tinta para tanto recuerdo,
no hay voz para tanto silencio...

Amplio mis pensamientos
en las letanías envenenadas,
que leo en los arboles a navaja
resplandeciendo el brillo muerto
de los labios carmín añejo
de una adolescente que sabe de la vida
lo mismo que un gato de economía,
las patadas al aire,
y las sensaciones en el baúl
oscuro del recuerdo traspasado


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