Desde aquel día

Las calles recuerdan una noche de enero;
el frío, a pesar de las alegrías pasadas;
la voz amada sobre la cintura;
escribir palabras de amor en un árbol;
la esencia desnuda de la caricia;
el placer en unas manos entrelazadas;
sin poner forma a las ilusiones;
y cumplir el placer de amar;
buscando la mejor sorpresa, el mejor regalo....

No hace falta nada más,
hacer luz, y seguirla,
eso descubrí, y eso elaboro cada día;
cada vez que leo un papel manuscrito
donde ocho letras toman forma;
simples pero a la vez mágicas...

Robo instantes y los guardo para dar placer;
para recordarme que por fin tengo forma;
que las noches desde ese día ya son diferentes,
y que los ojos tienen ya otro color

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